Testimonios

Testimonio – Sebastián

Soy S, tengo 47 años de edad, estoy casado, tengo cinco hijos y de profesión abogado.
Para poder dar un testimonio que se acerque a la realidad de lo que significó el paso por la Fundación San Carlos en mi vida, debo decir que, sin duda, hay un antes y un después.

Antes de comenzar mi tratamiento en San Carlos es importante señalar que desde los 27 años de edad soy adicto a la cocaína, a los 31, ya casado, tuve un primer tratamiento de la adicción, ambulatorio, en otra institución, dicho tratamiento lo seguí durante un año y medio pero no lo terminé, sin perjuicio de ello, logré estar limpio (sin consumir drogas) desde el año 1981 hasta el año 2003, época en que comenzó mi consumo nuevamente, era una persona malhumorada, soberbia, mentirosa, gritona, inbancable.

El consumo fue empeorando hasta que la situación en mi casa provocó una separación, en realidad mi esposa, con buen criterio, me pidió que me fuera y que buscara ayuda para poder volver.

A pesar del terrible dolor que esto me provocó, no pude parar de consumir, aunque probé con psicólogos, médicos, etc., en realidad me resistí a comenzar nuevamente un tratamiento ya que le tenía mucho miedo a ser internado, hasta que un buen día mi obra social me recomendó el Programa San Carlos, allí fui desahuciado pidiendo ayuda.

Cuando comenzó mi tratamiento creía que el único problema era el consumo, pues no es así, el verdadero problema es la conducta, la personalidad, pero para darme cuenta de esto fue necesario una internación de 9 meses y un tratamiento de 2 años y medio, lapso en el cual no solo me desintoxiqué sino que comprendí la gravedad de la enfermedad.

En San Carlos fundamentalmente reeducaron esta conducta y encontré mi personalidad, pero desde el amor, desde el amor de mi esposa, de mis hijos, mi familia, de los miembros del equipo terapéutico y del de mis compañeros de la comunidad, es un proceso muy difícil, pero cambió mi perspectiva de la vida, hoy puede decir que si esto no es estar feliz, y bueno, espero tranquilamente lo que viene.

En San Carlos aprendí lo que es amor responsable, honestidad, humildad, amor propio y que solo desde estas bases se puede construir la felicidad, sin estos cimientos, el edificio se desmorona.

Para un adicto, leer estas palabras seguramente no tendrá ningún efecto, es muy difícil que una persona intoxicada pueda sentir o comprender lo que acabo de decir, lo que si puede comprender o puedo intentar transmitirle es lo siguiente:

Hermano, te sentís solo y tenés una enfermedad psicológica con las siguientes características: es tratable, podes ser feliz y tener una vida plena, pero el peligro de volver a consumir lo vas a tener toda la vida.

En el único lugar donde van a comprenderte y ayudarte como corresponde es en una comunidad terapéutica, el resto del mundo, en algún momento, se va a cansar de vos y te va a descartar como a un animal indeseable.-
si no buscas ayuda y te recuperas, solo te espera terminar muerto o preso, es duro, pero no te engañes, no hay otro final.

Vení a San Carlos, NO ESTAS SOLO, te queremos ayudar el resto de tu vida, queremos verte feliz, SE PUEDE.

A los padres, familiares y amigos del adicto siempre les doy este ejemplo, si un hijo o familiar o amigo no fuera adicto pero tuviera cáncer o alguna enfermedad terminal, lo abandonaría, pensarían en algún momento que ya hicieron todo lo posible?, o, estarían a su lado, pidiendo prestado para pagar cualquier tratamiento o remedio que los médicos aconsejaran, hasta el día de su muerte?, pues bien, la adicción es como el cáncer, y a veces peor, porque el enfermo de cáncer puede morir, pero seguramente ocurrirá en un hospital o en su casa, rodeado de cuidados, en cambio, el adicto si no se rehabilita, va a morir en la calle abandonado o, lo que es peor, en la cárcel, pisoteado. Lo que es horrible es que para la familia que se dio por vencida, la muerte del adicto significa, generalmente, sacarse una molestia. No se den nunca por vencidos, es una enfermedad gravísima y su hijo, familiar o amigo necesita ayuda, no lo pueden dejar solo, muchas veces les va a parecer que este adicto no acepta ayuda, que los odia, no importa, no lo dejen solo.

Dios quiera que mis palabras le sirvan a alguien, si con ellas logro que al menos una persona busque tratamiento, soy feliz.

Y a SAN CARLOS les digo, gracias, los quiero mucho.