Testimonios

TESTIMONIO – NACHO

Y de pronto abrí mi ropero y ya no quedaban más disfraces, ya no tenía más palabras que me sostengan ni puedan ser creídas, ya no había espejo que resista el dolor de mi mirada, estaba completamente solo, el llanto de mi hijo se había transformado en el sonido de una alarma que me informaba que mi alma había sido robada.

Nunca imaginé que mi juego infantil de ser como un pirata y elegir enterrar mis pensamientos, mis palabras y aferrarme al silencio como forma de vida, me marcarían para siempre, había elegido el silencio y así comencé a acumular una pesada carga, una pesada mochila, un sin fin de silencios que dentro mio resonaban sin cesar, día y noche, como un auricular encendido a todo volumen las 24 horas, solo para mí, cuyas melodías iban moldeándome y alejándome de los colores y me acercaban cada vez más a la oscuridad que sin darme cuenta se fue transformando en mi hogar.

Así transité gran parte de mi vida, buscando el disfraz según la ocasión, la mentira era mi única verdad, lastimando a quien más amaba o a quien se cruce en mi camino de la forma que sea, pero por sobre todo matándome a mí mismo, cada vez que elegía una vez más matarme, me alejaba más de la luz, cada vez envenenaba más mi alma con dolor y olvidaba los sueños que alguna vez tuve.

Llegó aquel día en que no quedaban más disfraces, ya era un mal hijo, un mal hermano, un mal amigo, un mal marido y mi hijo a quien debía sostener en mis brazos se me había caído.

Había destruido todo, la familia, mi casa, el trabajo, los amigos, no había nada que tuviese relación conmigo que fuese sano y fue en aquel momento que gracias a mi familia apareció la fundación.

Obviamente antes de ir por primera vez, intenté convencerlos de que no era necesario, que no estaba tan mal, que solo podía, pero el resultado no tuvo efecto, ya nada me creían y tuve junto a mi familia mi primer entrevista.

Martes 11 de Junio, fue la primera vez en mucho tiempo que volvían a abrazarme, con lo que todo eso significa, sentí dentro mío que había llegado a casa. No quería hacer un tratamiento, debía hacerlo, fue la primera vez en muchos años, donde pude ver el sufrimiento que estaba ocasionando a quienes estaban conmigo y en las palabras de Hernán el terrible dolor que yo cargaba, no lo dudé un instante y decidí comenzar al día siguiente mi tratamiento.

Había que cruzar el pantano nuevamente, la oscuridad, retornar hacia la luz que algún día estuvo, volver a ver en colores y trabajamos muy fuerte para eso. Yo desde mi lugar de adicto, vacié mi ropero, me fui deshaciendo lentamente de mis disfraces, entendiendo el por qué de cada uno y buscando mi verdadero yo. De a poquito, me fui mirando en el espejo, fui desenterrando esos silencios, descubriendo el poder de la palabra, enfrentando los miedos, conociendo el valor de la verdad, aprendí a ser Padre, a sostener a mi hijo en brazos, a caminar de la mano con mi mujer que jamás me la soltó y luchó a la par mía para que pueda escribir este testimonio. A lo largo del tratamiento, pudimos ver junto a mis hermanos y mi madre que no era solo yo quien debía aprender a hablar, sino todos. Descubrimos que el silencio era en realidad la voz de todos y trabajamos muchísimo para modificar y comenzar a llevar a cabo lo aprehendido, decir la verdad.

Termine mi tratamiento, por primera ves en mi vida, termine algo, llegue a la meta y conocí el sabor de la victoria, entendí lo importante que es terminar algo, el valor del esfuerzo, el sacrificio y la cosecha de aquella siembra, donde necesite de muchos momentos de lluvia y otros muchos de

sol, para poder disfrutar hoy de tan arduo trabajo, una familia unida, tres hijos y la solidez para sostenerlos y saber que no se me van a caer, la mano de mi mujer que nunca me soltó junto a la mía, caminando a la par, sin reproches, es más sabiendo ella que mi mano también cuando la necesita la va a sostener y no la soltara.

GRACIAS A CADA UNO DE LA FUNDACIÓN, POR SALVARME LA VIDA, POR ENSEÑARME AMAR Y A DEMOSTRARLO, POR ENSEÑARME A ABRAZAR Y A ABRAZARME. LOS AMO INFINITAMENTE. NACHO