Testimonios

Testimonio – Gaba

…”Sky is the limit”, dice una canción,
and limits are the sky
Le agrego yo para esta ocasión.

El límite es el cielo, dice la canción, aludiendo a que no hay limites y el agregado viene a colación de lo que afortunadamente la Fundación me pidio y que me es un honor realizar.

El testimonio de mi paso por la Fundación San Carlos.

En éste preciso instante, me encuentro en la fase de mantenimiento, y nada más recordar el grupo de ayer, cuando el chiste del momento era “quiero de nuevo la fase B!”. Para quién no comprenda el chiste, el tratamiento se encuentra organizado por etapas. Yo ya salí de estructura.

La fase B, es como la mitad del tratamiento dentro de estructura, (es como un estar en el secundario, no es primaria, no es universidad).

Cuando llegué a San Carlos, yo tenía 36 años y era artista plástica y publicitaria, aunque no trabajaba de ninguna de las dos cosas. Era un parásito social y sólo me divertía una única cosa, qué hacer para perder la consciencia de la realidad. Como yo era artista y los artistas están tácitamente autorizados a autodegradarse y autodestruirse, porque además existe el mito de que mientras más grande es esa destrucción, más sensible es ése artista.

No voy a analizar este postulado, sólo voy a decir al respecto que si una/uno no es un artista en la meca de las mecas, a ninguna persona le interesa uno demasiado.

Salvo a las cuatro o cinco sanguijuelas con las que uno anda y con quienes se retroalimentan el personaje de pobre artista perdido y con los cuales uno se dedica a imaginarse “el reconocimiento post mortem” que seria una en noventa y nueve, la única posibilidad.

La obra es energía vital, cuando a mediados del tratamiento y gracias al mismo yo estaba trabajando para mi primera muestra (luego de siete años de inacción), la que estaba siendo mi mentora artística del proyecto, al ver la obra que iba saliendo de mí, hizo el siguiente comentario, “esa obra demuestra que tenés salud”
La salud no era algo que anteriormente me importara, si bien cualquier enfermedad, virus, o visita al dentista me producía extremo pavor, yo no dudaba de mi salud mental.

Lo más difícil al llegar al tratamiento fue perder el control de mi propia vida, intelectualmente lo vivía como una masacre a la identidad. Yo estaba bien, cómo fue que fui a dar a un lugar donde volvía a ser menor y a pedir permiso para todo! No podía dejar de preguntar. Todo mi interior se sublevaba y desconfiaba, porque, para qué sirve una vida que ha de ser vivida como dicen los demás?

Y acaso no era eso a lo que me había dedicado toda mi vida?

A proteger la identidad de los seres humanos? Mi identidad?

Como fuere no había duda de que había perdido todos mis privilegios, y aunque con gran reprobación de mi parte, interiormente yo sabia que no tenía otra salida no era opción.

Y es que para ése entonces me encontraba tan enviciada, que yo idolatraba las drogas, las amaba, las recreaba como parte de mí, y ellas se convertían en mi identidad. Yo era basura, yo era marginal, yo deseaba lo peor para mí, yo leía a Gean Genet en el “diario del ladrón”….”me esforcé en considerar esta vida miserable como una necesidad voluntaria.” O en “pompas fúnebres” …” me quise traidor, ladrón, atracador, delator, odioso y etc, etc, etc” y me regodeaba en toda mi estética marginal y mientras yo me regodeaba a la manera del artista, los verdaderos delincuentes se aprovechaban de mí.

Sin embargo llegó un día, o mejor dicho una “temporada”, que fue un adentrarse en el infierno.
Donde cada demonio que me cruzaba convertía mi angustia sórdida en una desolación aún peor.
Así fue como una noche, le rogué desde lo más profundo de mi ser a Dios.

” Dios, sácame de acá!”

Pide, y se os dará.

Al poco tiempo me encontré llamando al teléfono de la Fundación (no por propia voluntad) pidiendo ayuda.
Recuerdo la primera entrevista, en la que me jactaba de todo lo que luego iba a empezar a despreciar, y también recuerdo la segunda en donde me mandaron a vivir con mi mamá!, en ése momento pensé que estaban todos locos, pero como dije anteriormente, yo sabia que no tenia otra opción, así que poco a poco fui aprendiendo a dejar mi antigua vida y a pedir permiso para lo que nunca me tocó pedir.

En ése momento pedir permisos era degradante para mí, y sin embargo el agregado de “limits are the sky”, se refiere justamente a eso.

Uno llega ahí, porque nunca adquirió límites, y eso es lo primero que te dan.
Qué placer dejarse cuidar.
Qué vacación no hacerse cargo de las decisiones difíciles, qué placer volver a sentirse niño, volver a ser puro.

Hay una canción de the cure que dice,” whenever i´m alone with you, you make me feel like I am clean again”.
Cada vez que estoy contigo, vuelvo a sentirme limpio.
Creo que eso define a San Carlos bastante bien.
Porque detrás de la indignación de mi ego, mi alma estaba feliz.

Toda esa pose de artista marginal se descascaraba a pedazos para dar lugar a lo que me daba alegría y pavor, “mi verdadero yo”, ése que había sido tan lastimado, tan abusado, tan reprimido y tan deformado, y que se escondía tras la máscara de la muerte, la locura y la destrucción.
Pero yo era amor.
Y amor, es lo que todo ser desea, lo que pasa es que sólo puede acceder a donde le es permitido por su capacidad de recepción.

Cuando uno llega al tratamiento, nunca o raras veces ha dado ni tenido demostraciones de amor verdaderas, todas han sido de necesidad.
A medida que pasa el tiempo, uno se va empapando de ese amor, que va agujereando la caparazón con la que uno llega.

Decir que el equipo terapéutico tiene derecho a la denominación de santos, no es una exageración, yo los he visto soportar comportamientos de personas en pos del aprendizaje, que sólo gente con vocación es capaz de manejar.
Pues si bien los encargados de curar al alma enferma están sanos, los que llegan se encuentran lejos del agradecimiento y del amor.
Con lo cual son muchos los que llegan, pero nunca se sabe quién se va a quedar.

Durante mi período de aprendizaje acostumbraba a encariñarme con mis compañeros, ya que durante mucho tiempo la vida de esa persona en tratamiento y su reducto afectivo se encuentran dentro de la fundación, y puedo dar fe de lo difícil que es tener gran afecto hacia alguien y verlo equivocarse o partir.
Y también he sido testigo de los esfuerzos del staff, hacia personas que no pudieron responder de la manera adecuada y de lo que significa esa sensación.

En ése aspecto, el trabajo de la gente, por lo menos de la gente que trabaja siendo staff de San Carlos se parece al del artista, por la manera en la que se involucran con su obra, (por llamarle de alguna manera a la transmutación en la que guían y acompañan al residente).

Es un trabajo que se hace desde la pasión, pero desde la pasión que ha sido previamente templada y trabajada, totalmente alejada del impulso o de lo infantil, se trata de algo previamente procesado, forjado, pero donde priman el amor y la lealtad hacia los ideales, o los principios que nos devuelven la dignidad.
Así fue como empezando mi camino por lo que yo creía era una despersonalización total, fue como llegué al centro de mi misma y a la felicidad.
Y porqué es esa felicidad?
Porque ahora siento que valgo por el mero hecho de existir y de honrar de la mejor manera que me salga esa existencia.

Finalmente se retiraron los velos de la fantasía, acto que conllevó una considerable cuota de dolor, pero que después de cierto tiempo hace relucir de manera inaudita la realidad. Y menciono esto porque reconozco en mi como rasgo negativo, mi negación, mi adicción a la fantasía, mi miedo sideral a la verdad, a lo que es, a la realidad.

Y la alegría no deviene de que la realidad sea tan bello permanente y colorido además de artificial como la realidad, sino de la sensación de fortaleza que se siente en la verdad.
En la verdad, estoy conmigo, en la fantasía, me soy ajena y cualquier cosa puede suceder.
Durante mucho tiempo viví en la fantasía, era mi refugio colorido, pero un día me di cuenta de que ése era un lugar muy solitario y de que la soledad te mantiene presa.
Por eso en San Carlos cantan esa canción de Moris.
Sí, ésa,
La del oso!
DIOS, la primera vez que la escuche! Casi me muero del horrorrrrrr.
Y sin embargo es tan representativa que la empecé a querer.

A todos los que participaron en mi rehabilitación, a quienes más y a quienes menos, a los sanos y a los enfermos, mi mayor sentimiento de agradecimiento y amor, porque ahora que estoy y vuelvo a decidir sobre mi vida y a hacerme cargo de cada decisión, como les dije ayer.