Testimonios

Testimonio – Ezequiel

“AHORA QUE ESTA LIBRE MI CUERPO,  YA PUEDO SENTIR, Y DECIR”

San Carlos es todo lo que está bien, como se suele decir ahora por algún ídolo, alguna película, alguna serie, algún momento, cualquierotro motivo bastante superficial.

Nunca utilice ese término, hasta hoy que me tuve que sentar a sentir y pensar un momento, mi paso por la Fundación.

San Carlos es bronca, dolor, angustia, transformación, entusiasmo, empoderamiento, alegría, amor. La única manera posible de vivir y trascender como persona, más que nada para los que pasamos por el infierno de la adicción.

Antes que nada me di cuenta que yo no pase por San Carlos, porque los pasos son transitorios, en realidad fue la Fundación la que paso por mi vida, la atravesó, la dio vuelta, la sacudió y me la devolvió. Me  enseño a elegir como vivirla. Algo inédito y necesario.

Hoy quiero, acompaño y necesito a personas que no conocía y a las que tenía que amar y no podía. Mis hijas.

Hoy siento que nunca más voy a estar solo. Perdí el miedo a vivir, que es peor que temerle a la muerte.

Mis amigos más entrañables los conocí allí. Los proyectos más hermosos que tengo hoy en día, también los soñé en mi tratamiento.

Entre a la fundación en 2010, termine mi tratamiento en 2018.

Entre con una hija que no me reconocía como padre y a la cual con 3 años le hice mucho daño.  A la cual mi últimodía de locura le dije llorando que me dolía mucho no poder ayudarla en la vida. Fue el momento más triste que me toco atravesar.

Al terminar mi tratamiento, el sueño de mi hija es vivir con su papa. Y tengo dos.

Eso es vivir.

La misma sensibilidad y angustia que me llevo a los 12 años a consumir drogas por primera vez, es la que me empujo a los 28 a pedir ayuda en la fundación. Eso es lo más importante que uno aprende en San Carlos, a sentir, algo que no se entiende cuando se aprende ni como sucede.

Yo viví en la fundación una construcción afectiva y de valores y limites que en mi infancia no pude ni supetener.

Fueron los 8 años más importantes de mi vida, siendo honesto me costó mucho más desprenderme que aceptar transitarlo así que no puedo hablar de una lucha interna muy grande por aceptar la ayuda, si por dejar atrás el dolor y enfrentar los desafíos y las responsabilidades.

Mi batalla fue con la locura, no con la salud.

No puedo hablar de mi tratamiento sin mencionar a tres personas que me devolvieron el alma, Celiar, Gaby y Hernán, alguien que no puede ser definido de ninguna manera ni analizado, una forma de vida. Nuestro único héroe en este lio.

Es un objetivo, un deseo y una realidad en mi vida estar cerca siempre de la fundación, para que nunca sea un recuerdo sino parte de nuestras vidas.