Testimonios

Testimonio Cristian

Yo arranqué el tratamiento estando en ambulatorio, me había traído mi vieja y yo no quería saber nada. Por supuesto que al principio no entendía nada, me iba y volvía y nunca deje de hacer lo que hacia afuera, viviendo la misma vida. Hasta que un viernes le dije a un coordinador: “yo sigo haciendo lo mismo, no me estoy dejando de drogar por venir acá”. Claro lo que no sabía es que al día siguiente se me internó.
Llegue casi solo, mi situación familiar era deplorable. Me peleaba con mi vieja muchísimo, sentía que la odiaba, además de que yo era adoptado y venia juntando cosas por ese lado también. Con mi hermano tenia cero relación, dormíamos en el mismo cuarto pero casi no hablábamos. Primero fui a un psicólogo que no me ayudo en nada y buscando y por conocidos, con mi madre llegamos a conocer este lugar. La primera impresión que me lleve fue ver a todos realizando tareas, limpiando, lavando, pintando y me fue inevitable pensar “acá los explotan”. No me gustó la entrevista, no entendía nada. Pero después empecé a encontrarle sentido a lo que es el tratamiento comunitario, y de a poco me empecé a entregar al tratamiento.
Al principio le tiras la pelota al otro, el tratamiento es durísimo al principio porque no entendés nada, te dicen que seas honesto, cuando vos te manejaste toda tu vida con mentiras o viviendo con varios personajes. Se complica cuando acá te dicen que seas vos, yo estaba enojado con todos, con la fundación, mi familia, conmigo. A los 4 meses tuve una recaída, curtí, todo mal. Volví al día siguiente y yo creo que eso fue lo que me motivo, me dijo, y yo ya venía sintiendo, que no me quería drogar más. La recaída fue lo que me hizo el click y me dio fuerzas para llegar hasta donde estoy ahora.
La primera vez que vine fue pensando que era un psicólogo a lo que venía. El tratamiento lo describo, ahora porque puedo y porque dio frutos, como hermoso. Creo que cada etapa fue diferente lo que fui viviendo, vas teniendo más responsabilidades, te vas sintiendo mucho mejor y pensás “por algún lado estoy yendo, algo anda bien”. Yo estaba acá porque mi vieja me trajo por eso recaí, no me daba cuenta que el problema lo tenía yo. En el momento de la recaída blanqueé, me saqué todo y recién ahí empecé a entender por dónde venía la mano y pude mejorar.
Por ahí vos tenés cosas guardadas que pensás que solo tenés vos, pero cuando hablé con los más avanzados y me hicieron entender que si estaba ahí era porque eran las mismas cosas que tenía que arreglar. Que hubo más compañeros que pasaron lo mismo y al hablarlo podés empezar a darte cuenta que muchos tienen una mirada más amplia a la que uno suele tener.
Yo en la fundación necesite siempre un grupo, que un tipo que paso lo mismo que vos y te diga “no mirá esto no es así” y veas que él lo entiende y te lleva de otro lado. Me identifique mucho en un chico que se graduó antes que yo. Habíamos hablado mucho en Balcarce, en un viaje que hacemos todos los años con todo el área de menores, pero cuando volvimos de ahí yo tuve la recaída. Después de eso el me bajó la persiana mal, tomo una distancia terrible y eso a mí me dolió muchísimo. Empecé a darme cuenta que no solo me lastimaba a mí sino a los demás. Él era tanto parte de mi tratamiento porque quería recobrar su tratamiento, como yo del suyo, ahí se muestra un compromiso mutuo para seguir adelante.
El clima de la fundación me ayudo. Después de recaer, empecé el colegio y ahí me tuve que poner. No es que deja de ser difícil pero al menos ahí lo entendí, entonces era más fácil respetarlo.
Hablando de las crisis que tuve en el proceso, la recaída fue el momento de cambio, donde me puse las pilas y me comprometí conmigo mismo. Después tuve crisis más pequeñas; en un momento de mi tratamiento estuve yendo también al psicólogo, para hablar de mi adopción. Fue de grande, tenía 12 o 13 años y me acordaba de todo. No lloraba, hacía lo que tenía que hacer pero estaba abatatado, era una burbuja.
Hay varios valores que recobré en la fundación; responsabilidad, empezando por lo mas mínimo, como sacar al perro, era muy paso a paso, salir a comprar cosas o hasta dar tareas. La honestidad, si no sos honesto no te curás, es así y yo lo viví. Y la obediencia, por ejemplo, quería ir al cine con mi novia, y capaz las autoridades no me dejaban, entonces pensaba “no me dejan, por algo será” y así me cure, yo no entendía el porqué de muchas cosas pero yo podría haber escapado por el techo pero ahora entiendo que tome la decisión correcta.
Si me tuviera que comparar con antes del tratamiento; físicamente antes era chiquito, flaco y con ojeras. Estaba a la deriva, era dependiente de la sustancia, era indiferente, cerrado y tenía una coraza con las emociones. En cambio ahora tengo proyectos, quiero estudiar y trabajar. Noté cambios en mí y en mi círculo familiar. Ahora siento amor, me se divertir y puedo reír. Algunos de mis proyectos son estudiar trabajo social, ahorrar para comprar una moto o para un viaje, poder vivir solo, y por supuesto terminar mi tratamiento. Antes creía que todo se iba a resolver por magia, me veía como un pibe que necesita entender, que se drogaba por llamar la atención de “no estoy seguro de quién”. Básicamente era un tipo triste con una careta.
Si pudiera darle un mensaje a alguien que está afuera en la situación similar a la que yo estaba, le diría que no se haga más daño y valore lo que tiene, que venga a la fundación y no hace falta que repita todo lo de este testimonio, ojalá lo pueda entender. Lo demás se lo puedo decir y no me va a creer, como yo pensaría en su momento que era todo caretaje, que me estaban chamuyando y es todo por la plata.