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Nota al Lic. Francisco Scagliotti en el diario Clarin

SOCIEDAD MUNDOS INTIMOS
Drogas en chicos y adolescentes
POR BÁRBARA REINHOLD
Cuando la adicción a alguna sustancia se da en los inicios de la adolescencia: los factores de consumo y el rol fundamental de la familia.
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08/08/13 – 13:19
Chicos de aproximadamente diez o doce años fumando un cigarrillo, de tabaco y marihuana, o aspirando cocaína, son algunas de las imágenes que muestra la película brasileña “Ciudad de Dios”, de Fernando Meirelles, acerca de la vida en una favela de Río de Janeiro. En el film “A los trece”, de Catherine Hardwickle, la vida de Tracy cambia por completo cuando durante el pasaje a la adolescencia se hace amiga de otra joven, Evie, que la acerca al mundo de las drogas y el alcohol.

Adolecer significa causar dolor. La pre-adolescencia y adolescencia son etapas de fuertes cambios físicos y psíquicos, que conllevan emociones diversas para los jóvenes. El psiquiatra Alberto Álvarez, de la Asociación Psicoanalítica Argentina, explica que cuando un chico o chica que está transitando ese período de la vida empieza a consumir drogas, hay que prestar atención a las relaciones familiares que ese sujeto tiene y al lugar que ocupa en la vida de sus padres. Otra de las aristas para tener en cuenta es el período conflictivo que el individuo está viviendo por la pérdida de la infancia, la diferenciación sexual y el cambio en la relación con los mayores.

Francisco Scagliotti es psicólogo terapeuta y director general de la Fundación San Carlos, institución que trabaja en prevención y asistencia de adicciones, y señala que a la hora de analizar las razones por las que un chico empezó a consumir drogas, hay que ahondar en diferentes aspectos. El entorno social en el cual el sujeto está inmerso es uno de los factores que hay que tener en cuenta, porque no es lo mismo aquél que consume porque vive en un ámbito marginal en términos sociales, que el que lo hace a raíz de conflictos familiares, por ejemplo. En este sentido, también influyen las experiencias individuales de cada persona adicta porque pudieron haber pasado por situaciones traumáticas. “Si pudiese hablar de un denominador común sería, fundamentalmente, un déficit familiar, en donde no hay lazos afectivos evidentes, con fallas a la hora de comunicarse y roles desdibujados, por lo que no hay figuras claras de autoridad. Igualmente, no es lo único”, sostiene Scagliotti.

Según el Estudio Nacional en Pacientes en Centros de Tratamiento realizado en 2010 por la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (SEDRONAR), a través del Observatorio Argentino de Drogas, el 40,8 por ciento de los pacientes se inicia en el consumo de drogas con el alcohol. El tabaco aparece en el 32,1 por ciento de los casos, la marihuana en el 13,6, la cocaína en el 6,7 y los solventes e inhalables en el 2,9. Sin embargo, de los casos registrados en el estudio, el 1,5 por ciento eran varones de hasta catorce años y el 1,7 mujeres de ese mismo rango etario. A partir de los 15 hasta los 19, la cifra asciende a 22,4 por ciento en varones y a 14,4 en mujeres.

El paco y el pegamento, las llamadas “drogas baratas”, siguen estando relacionadas, para Scagliotti, con las clases sociales más bajas. Aunque en este sentido, Álvarez señala: “Lo más común entre los chicos es el alcohol, la marihuana y cada vez está ascendiendo más el uso del paco. Clásicamente se lo ha ubicado en un estrato social más bajo, pero últimamente se ven casos de ascenso hacia otras clases”.

La pre-adolescencia y adolescencia son las etapas en las que las personas tienen un primer contacto con el mundo de manera más independiente de los padres. Entonces, si ese periodo está relacionado con el consumo de drogas, ¿cómo hacer para que el chico pueda ver que hay otras maneras de vincularse con el exterior? Porque, además, las adicciones suelen provocar el encerramiento en uno mismo.Graciela Ojeda, directora de Candil, una fundación que trata adicciones, y psicóloga, explica: “Nuestro programa se basa en un cambio de vida, que significa orden, responsabilidad, la posibilidad de que los pacientes puedan ver las actividades que les gustan y estimularlos en eso. Les enseñamos a pensar, porque en general el adicto lo que hace es actuar, no reflexionar en el deterioro que causa la adicción”. Para Scagliotti es fundamental pensar en un tratamiento familiar, porque si no se corre el riesgo de no tener éxito: “El chico algo está indicando con su consumo. Es común que cuando se empieza a rehabilitar, reaparezcan otros conflictos del cuadro familiar”. En el caso de chicos que comienzan a consumir a edades más tempranas aún, de 10 o 12 años, Álvarez recomienda la terapia de niños, con dibujos y juegos, centrándose en el individuo y la familia.

Si bien muchas de las fundaciones que se abocan al tratamiento de adicciones cuentan con becas y trabajan con medicinas prepagas o con organismos del Estado, la encargada en el ámbito público de asistir a las familias en los casos de menores adictos es la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia, del Ministerio de Desarrollo Social. Además, el Centro Nacional de Rehabilitación Social (CENARESO) recibe a chicos a partir de los 14 años para su tratamiento, aunque en los casos en que sea necesaria la internación, las mujeres deben ser mayores de 18 años. En la ciudad de Buenos Aires el organismo encargado es la Gerencia Operativa de Asistencia Social en Adicciones (GOASA), que cuenta con centros comunitarios que sobre todo se focalizan en chicos y adolescentes con bajos recursos económicos. Claro que, en todos los casos, esto está sujeto a la capacidad física de los espacios y a poder responder a la necesidad individual de cada paciente, para que su tratamiento no sea un mero trámite.

Lea la nota central de esta entrega: “Pensé que la droga me liberaría del aburrimiento”. Por Nicolás Brum.