Programas

Jóvenes en situación de riesgo

La Fundación dispone de un sistema terapéutico desarrollado por un Equipo interdisciplinario que ofrece un tratamiento integral a adolescentes que son considerados en situación de riesgo y sus familias. De este modo se trabaja tanto de forma asistencial como preventiva, buscando evitar el desarrollo de trastornos ulteriores de mayor complejidad.

En dicho dispositivo se incluye no sólo al sujeto en quien se manifiesta el conflicto/problema, sino que así mismo se incluye a los diferentes integrantes que conforman su entorno más próximo.
Se busca desarrollar en el joven y su familia factores de protección, recursos internos y externos que lo provean de mayor seguridad, autoestima y autodeterminación durante la apertura exogámica.

Creemos que el sujeto que llega a hacerse adicto a cualquier sustancia psicoactiva, incluyendo a las que nuestra cultura les confiere un marco de legalidad: el alcohol y el tabaco, o bien a cualquier objeto externo (trabajo, Internet, sexo, etc., lo que se denomina en la actualidad “Las Nuevas Adicciones”), es porque previamente y de manera paulatina a lo largo de la historia de dicho individuo y su entorno, se han ido desarrollando e instalando como patrones en su estilo de vida, diferentes elementos que fueron conformando tal estructura disfuncional.

Suele decirse de manera coloquial que: “el sujeto adicto es sólo la punta del iceberg, pero que la verdadera estructura es la que permanece detrás de lo observable”, que “la droga es la fiebre y hay que buscar la infección en otro lado”, o bien que “la relación del sujeto con la droga es el interruptor que saltó, pero hay que investigar donde se produjo el cortocircuito”. Dichas ideas poseen como denominador común el hecho de considerar a la adicción como el síntoma que representa una problemática mucho más compleja.
Que la persona llegue a la instancia de recurrir a determinados objetos, en este caso diferentes tipos de drogas, con diversas finalidades: aplacar angustias, evadir conflictos recurrentes, lograr bienestar subjetivo y cierta desinhibición a la hora de establecer nuevos vínculos, formar parte de un grupo de pares, diferenciarse de las pautas establecidas dentro de la familia, etc. representa el último eslabón de una cadena que empezó a gestarse mucho antes del consumo propiamente dicho.

Por lo tanto si sostenemos y entendemos a la dependencia (independientemente de cual sea el objeto externo con el que se establece este vínculo dependiente), como a un elemento más que se incluye dentro de la noción de proceso, creemos por lo tanto que es posible intervenir e interrumpir lo que se fue gestando a través del tiempo: En este caso el sujeto adicto.

Para lograr tal objetivo es necesario que dicha intervención se realice a través del trabajo y seguimiento desarrollado por profesionales especialistas en la problemática abordada. Ya que la misma posee características definidas que la diferencian de otras patologías actuales. Por lo tanto es necesario abordarla con técnicas precisas y focalizadas, capaces de sostener el encuadre terapéutico, y en donde se incluya a los diferentes agentes que intervienen en el surgimiento y sostenimiento de dicha problemática, sobre todo a los integrantes de su familia más próxima.

La Adolescencia

Representa dicha etapa evolutiva un momento crucial para la conformación de la personalidad, que permanece, sobre todo durante este período, en vías de desarrollo y redefinición de lo que serán las bases en las que se edificarán la estructura de identidad del adulto.

Es el momento en que el joven ejecuta un proceso de reestructuración, empiezan a definirse los vínculos que conformarán su vida social, y a establecerse cual será el proyecto de vida hacia cual apuntar. Se le abren al joven un abanico de oportunidades y obtiene de su medio cada vez más ofertas, que muchas veces no termina de procesar adecuadamente.

En parte posee cierta autonomía, fortaleza y libertad para poder ser él, el protagonista de dicho proceso y por otro lado depende de lo que recibe del mundo adulto del cual todavía sigue formando parte, ya que la independencia está en esta etapa más relacionada hacia donde el joven se dirige pero que todavía no ha logrado consolidar.

Por momentos puede ser el joven quien elige con que figuras identificarse y a quien adoptar como modelo a imitar, que conductas desarrollar, cuales descartar, pero en muchas otras oportunidades es el peso de la cultura y su ritmo vertiginoso, sobre todo la que se expande a través de los distintos canales de comunicación, especialmente desde la TV e Internet, la que invade, presiona y determina dicho proceso de identificación, perdiendo el joven paulatinamente la capacidad de ser autónomo y genuino en sus decisiones y el estilo de vida a desarrollar.

Por otro lado, gran parte de la personalidad del adolescente, empieza a estructurarse a partir de incorporar y adoptar como propios, patrones en la forma de pensar, actuar y relacionarse con los demás, no sólo la que se transmite a través de los medios, sino también las imperantes en el grupo de pares del cual forma parte.
Cuando hay una personalidad de base bien configurada, con suficiente fortaleza yoica, con un buen nivel de autoestima y capacidad para conectarse y compartir con el mundo exterior sus afectos más profundos, siendo capaz de tomar decisiones personales, haciendo prevalecer su autonomía e individualidad independientemente de los imperativos grupales, con lazos sólidos y consistentes dentro de su núcleo familiar, etc., dicha identificación con su grupo probablemente esté ligada a la etapa propiamente adolescente, y luego de transitarla estará en condiciones de capitalizar e integrar a la base de su personalidad, aquellas experiencias vividas durante la etapa adolescente, inclusive las más complejas.
Ahora bien, aquellos jóvenes que han carecido o bien no han podido instalarse de manera adecuada representaciones parentales sólidas, en los que no se ha desarrollado una personalidad cohesiva, segura de sí misma, que poseen además baja autoestima, con dificultad para conectarse con su mundo afectivo, con la tendencia a establecer vínculos interpersonales poco profundos, etc., dichos sujetos, entonces, corren el riesgo de que tales tendencias propias de una etapa (la adolescente) se instalen como patrones rígidos trascendiendo este momento evolutivo, y conformando características propias de la adultez, siendo incapaz el sujeto de lograr la madurez necesaria que se requiere para transitar y afrontar con éxito las vicisitudes, experiencias complejas, y dificultades que la vida misma impone.

Es esta personalidad vulnerable, y de este modo queda en cierto modo más expuesta a desarrollar como propios patrones desapatativos de conducta, pensamiento, y en la forma de vincularse hacia el mundo exterior.

Personalidad Adicta

Como mencionamos anteriormente durante la introducción, para que un sujeto llegue a desarrollar un patrón de consumo desadaptativo, debe poseer ciertas características de base que actúan como predisponentes.
Es, como dijimos, la adolescencia la etapa en donde las carencias personales quedan más expuestas: Al encontrarse el joven redefiniendo su identidad, y por estar situado “a mitad de camino” entre el mundo infantil y el adulto, es justamente durante este período de transición en el que se incrementa la vulnerabilidad y el riesgo de no poder filtrar aquellos factores causantes de futuros desórdenes psicopatológicos.
En primer lugar tenemos que saber que en la etiología de la personalidad adicta intervienen diversos factores de diversa índole y con características precisas, se habla de multicausalidad, es decir que nos situamos frente a un “trastorno generado por varias causas”. Pudiéndose agrupar dichos factores en causas: Individuales y Sociales (Cultura y Familia).

La personalidad adicta se desarrolla inclusive antes, de que el individuo entre en contacto con el objeto externo capaz de generar a posteriori un vínculo dependiente, cuando esto sucede es considerado un sujeto de alto riesgo, ya que a la base de su personalidad ya vulnerable añadió un elemento con un gran poder adictivo. Aquí se inicio el proceso hacia una posible drogodependencia o drogadicción.

Para contraer este trastorno que abordamos y buscamos prevenir es necesaria la concurrencia de los siguientes factores:

  1. un agente exterior: la droga
  2. un medio facilitador: el medio sociocultural
  3. un entorno familiar
  4. un ser humano cuya estructura de carácter lo haga vulnerable

a) La Droga

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el concepto droga resulta aplicable a toda sustancia, terapéutica o no, que introducida en el cuerpo por cualquier vía, es capaz de actuar sobre el sistema nervioso central hasta provocar en él una alteración física o intelectual, la experimentación de nuevas sensaciones o la modificación de su estado psíquico. Esa modificación, condicionada por los efectos inmediatos o persistentes, predispone a una reiteración continuada en el uso del producto. Su capacidad de crear dependencia física o psíquica en el que consume es precisamente una de las características más importantes a la hora de definir una sustancia como droga.

Incluimos dentro de este factor a “aquellos nuevos objetos”, que si bien no están compuestos por elementos químicos, llevan al sujeto a relacionarse con ellos de manera dependiente y desadaptativa, ya que conducen muchas veces al aislamiento y ensimismamiento, perdiendo el joven paulatinamente la posibilidad de vincularse y abrirse al mundo exterior, y paralelamente se incrementa en intensidad y cantidad el tiempo insumido en la realización de dicha actividad, privando al joven de actuar con apertura y amplitud de intereses. Nos referimos: al uso excesivo de Internet, el sexo desordenado, como los más característicos.

b) Contexto Socio – Cultural

Hoy se ha instalado en nuestra cultura el consumo como un valor supremo. La identidad personal, las relaciones humanas, las nociones de progreso y éxito, la felicidad y el sentimiento de plenitud aparecen inexorablemente ligados al valor antes mencionado.
La premisa que muchas veces se transmite desde el mundo adulto hacia los jóvenes perecería estar orientada a obtener el mayor placer posible, con la tendencia concomitante a evitar cualquier vivencia de displacer y malestar subjetivo. Lo importante es pasarla bien, dejarse guiar por lo que uno siente en ese momento. “En el mundo occidental junto a una sacralización de la noción de placer ha crecido paralelamente, día tras día, la intolerancia al malestar”. (Hugo Mayer, “Adicciones: un mal de la posmodernidad” Editorial Cogerridor Buenos Aires 1997)

Con esto corremos el riesgo de creer que la salud nada tiene que ver con las crisis, las angustias, los duelos, la duda, los conflictos personales. Todos estos estados propios de cualquier etapa evolutiva por las que transita el ser humano y sobre todo rasgo característico de la adolescencia, y signo de salud mental que se hagan presentes en cualquier etapa del desarrollo y sobre todo en la que nos compete: La Adolescencia
Por otro lado, es propio de nuestra cultura que en pos de vivir con la mayor intensidad posible cada circunstancia fortuita o buscada que se presenta, priva muchas veces al joven de poder planificar, proyectarse hacia delante, y ser congruente con las metas establecidas a través de un comportamiento sostenido en el tiempo. Valores como la perseverancia, la responsabilidad, el compromiso, y el esfuerzo parecen no encontrar espacio dentro del repertorio de la vida de los jóvenes de hoy.

c) La Familia

“Si la relación con la familia, sobre todo con los padres, con la pareja de los padres, con sus hermanos, ha sido deficitaria, frustrante, poco confiable, discontinua o violenta, todo ello quedará registrado como conflictos infantiles latentes y, cuando despiertan en la adolescencia, lo hacen con un agravante: se tiene habilidad motora, lucidez y astucia para expresarlos a través de la actuación…” (Hugo Mayer, “Adicciones: un mal de la posmodernidad” Editorial Cogerridor. Buenos Aires 1997).

Cuando ciertas características de la familia del joven se combinan con las características individuales, más la influencia de ciertos elementos de nuestra cultura antes mencionados, mas la sustancia propiamente dicha, antes desarrollada, se forma un “cóctel peligroso”.

Dicho esto, es necesario desde el inicio del tratamiento incluir a la familia con todos sus integrantes. Es fundamental la participación activa de los diferentes agentes de este sistema familiar, para lograr cambios significativos en la conducta del joven y que los mismos puedan sostenerse a través del tiempo. Ya que muchas veces esta conducta del joven actúa como el emergente de un sistema más complejo.
Es necesario evaluar y trabajar sobre ciertos patrones familiares, muchos de ellos vinculados a la relación entre padres e hijos, que de no modificarse dificultarían el desarrollo del tratamiento y el camino hacia la madurez y la integridad personal. Entre ellos es importante atender elementos como:

Sobreprotección: Ambos padres o el más influyente pueden sobreproteger al hijo, se vive para él, se renuncia a las propias necesidades haciendo prevalecer los deseos del hijo, se pierde la posibilidad de asumir una posición más crítica que limita y corrige frente a las desviaciones y transgresiones. No se le exige en función de sus verdaderas capacidades sino que se asume excesiva tolerancia a la mediocridad, el abandono y la falta de responsabilidad.

Roles: Cuando no se ha desarrollado una adecuada distribución de los roles dentro del seno familiar, puede alguno de los padres establecer patrones en el vínculo con sus hijos semejante al que se establece dentro del de grupo de pares, de este modo se establece una alianza entre ambos que después es difícil de desarticular. Suele también recaer sobre una única figura el ejercicio de determinada función, generando ésto un conflicto con el joven (por ejemplo ser la madre la única en poner límites).

Conflictos permanentes entre los padres descuidando de este modo la crianza de sus hijos. Incurrir en constantes diferencias y confrontos muchas veces en presencia de sus hijos. O bien que uno de los padres tienda a relativizar o ridiculizar ante el hijo lo expuesto por el otro padre.

Inconsistencia a la hora de poner límites. Muchas veces se concibe al límite como un castigo y no como un elemento indispensable para el crecimiento sano y el camino hacia la madurez, de este modo aparece el límite como última instancia, por ejemplo que el joven se ponga a estudiar cuando tiene varias materias en diciembre, o bien limitar las salidas luego de transformarse en hábito el consumo de alcohol o las llegadas excesivamente tarde, etc. Puede suceder también que lo padres se ubiquen en polos antagónicos siendo uno demasiado complaciente y otro demasiado restrictivo, pero sin llegar a ponerse de acuerdo para establecer y bajar límites adecuados y consistentes. O bien inconsistencia en el discurso que se transmite al hijo, pasando de una posición absolutamente permisiva a adoptar una conducta más rígida, inflexible e intolerante frente a las embestidas del hijo adolescente.

Cuando prevalecen vínculos poco afectivos, priorizando la norma, el deber y la responsabilidad por sobre el afecto, la contención, el abrazo y la mirada cariñosa y contemplativa.

Incoherencia entre lo que se transmite a los hijos a través del discurso y lo que se desarrolla como patrón de la conducta por parte de los padres. “Haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago”.

Canales de comunicación alterados. Dificultad para conectarse con las vivencias más profundas del hijo, y dialogarlas. Priorizar constantemente otras actividades como el trabajo o las salidas con amistades, que los espacios compartidos con los hijos. Suprimir o incluir objetos externos en momentos propicios para el diálogo, por ejemplo comer cada uno por su lado o bien hacerlo con la televisión encendida. O bien cuando prevalece la “…comunicación de cosas insignificantes o inapropiadas con ocultamiento de otras esenciales, que de algún modo le conciernen al hijo, estén referidas al pasado, al presente y al futuro.” (Hugo Mayer, “Adicciones: un mal de la posmodernidad” Editorial Cogerridor Buenos Aires 1997).

Dicho esto, se hace imprescindible que la familia, sobre todo los padres intervengan activamente en el desarrollo del tratamiento. Insistiendo que si la conducta del joven es en gran parte una respuesta a los postulados que emergen del seno familiar, por lo tanto para que este repertorio del joven se modifique y tales cambios puedan persistir en el tiempo, es sumamente necesario también la revisión y reestructuración de ciertos patrones familiares.

d) La Personalidad

“La Personalidad es la organización dinámica de los sistemas psicofísicos que determinan los ajustes del individuo al medio circundante”. Gordon Allport

“Entendemos que existen problemas de personalidad previos al comienzo del consumo, y que se han agravado o reavivado con el surgimiento de los cambios de la pubertad y la adolescencia”. (Oscar D´Agnone, “Nuevos Desarrollos en Prevención y Terapéutica de las Adicciones”. Editorial Salerno. Buenos Aires 1999).

Cuando prevalecen en el joven:

  • Conductas tendientes a la apatía, el poco compromiso con las actividades emprendidas siendo poco frecuente la posibilidad de concluir las mismas, la falta de responsabilidad para consigo mismo y con los demás, que conducen en ocasiones a exponerse a situaciones de riesgo. O bien a un deterioro progresivo de las responsabilidades que le corresponden, como por ejemplo disminución en el rendimiento escolar.
  • Pobre control de los impulsos desarrollando continuamente conductas de acción.
  • O bien un comportamiento exigente que no tolera fisuras ni equivocaciones, que conlleva a desarrollar una baja tolerancia a la frustración.
  • Un pensamiento caracterizado por la rigidez y la inflexibilidad, no tolerando, y muchas veces reaccionando con irritabilidad e intolerancia frente a opiniones o ideas contrarias a las asumidas. Lo que dificulta muchas veces la capacidad de hacer insigth, lo que conlleva a ir “fracasando” en diferentes tratamientos terapéuticos, al no poder cumplirse con objetivos propios del encuadre.
  • Ideas persistentes de sobrevaloración y omnipotencia, desoyendo y desatendiendo consejos, orientaciones o marcaciones realizadas por figuras adultas o provenientes de su grupo de pares. Así mismo de manera contraria, pueden prevalecer ideas de inseguridad o inadecuación, asumiendo, el joven una posición retraída y pasiva frente a los demás.
  • Sentimientos de baja autoestima, falta de confianza en sí mismo o en la imagen que otros tienen de sí, la insatisfacción del rol social asumido.
  • Poca conciencia de los conflictos o problemáticas que padece. Tendiendo a minimizar y relativizar hábitos que se instalan en el repertorio de la conducta del joven, entre ellas el consumo de diferentes sustancias psicoactivas, o bien establecer relaciones dependientes con objetos externos.
  • Indiferencia o bien oposicionismo manifiesto a las indicaciones impartidas por los padres tendiendo a realizar constantemente conductas opuestas a las que prevalecen dentro del núcleo familiar.
  • Como así mismo vínculos sustentados en la intolerancia, la frivolidad, la falta de diálogo, y estar caracterizados los mismos por su carácter pasajero.

Pero sobre todo cuando no logra el joven comunicar hacia el exterior lo que está viviendo. Cuando carece de las herramientas necesarias para establecer canales necesarios para conectarse y compartir con los demás el mundo de sus afectos, como así mismo de sus vivencias de las experiencias cotidianas. Es decir “cuando no puede el joven hablar de lo que le pasa”, con la consecuencia concomitante a guardarse para sí lo que piensa, siente o cree, actuándolo a posteriori en el exterior.

El análisis y la conjunción de todos estos elementos entendidos como parte estructurante de una totalidad que se encuentra en vías de formación, nos lleva a pensar que está en vías de consolidación una personalidad adicta. Y por lo tanto esta población es vulnerable y por lo tanto considerada de riesgo.

Nuestro Modelo Terapéutico

“Promover la salud mental en la adolescencia es mucho más efectivo que luchar tardíamente contra patologías como la drogadicción, que una vez establecidas son muy difíciles de combatir”. (Alfredo Ortiz Frágola, “Drogadicción” Editorial Paidos Buenos Aires 2000).
Por lo expuesto anteriormente consideramos que son varios los adolescentes que podrían conceptualizarse y agruparse bajo el concepto de: población en riesgo.

A lo expuesto se añade que se ha naturalizado el consumo de alcohol, conformando un ingrediente esencial en la mayoría de las salidas nocturnas efectuadas por los jóvenes durante el fin de semana. Más allá de las campañas contra el tabaco hoy son numerosos los adolescentes que eligen esta conducta adictiva como vía de entrada al mundo adulto. Lentamente la marihuana gana terreno como sustancia sedativa, altamente eficaz para generar estados de placer y bienestar. La sexualidad se rige a través de patrones propios del mundo adulto, desarrollando los adolescentes conductas que no condicen con su proceso madurativo y emocional. Por último se incorpora la violencia como la principal alternativa para manifestar el malestar subjetivo.

Durante el período de la adolescencia, en el que el joven se va desprendiendo de la familia y de los modelos imperantes a lo largo su infancia, desarrollándose paralelamente su integración al resto de la sociedad, será esencial para salir airoso de esta transición, el sostén firme y afectuoso de la estructura a la que se está incluyendo. Cuando esto no sucede, es necesario que surjan estructuras alternativas paliativas, que no pertenezcan al seno familiar, que brinden esta contención, acompañamiento y guía, que si bien el adolescente rechaza y se opone a incorporar, necesita.

Si dichas estructuras no se hacen presentes durante este período de transición, el joven queda a merced de lo que lo que sus pulsiones le reclaman y de lo que su grupo de pertenencia le presenta. Es en este momento que: frente a la necesidad de evitar el displacer, buscar sensaciones agradables constantemente, vivir el momento presente con la mayor intensidad posible, desarrollar al máximo la libertad, la independencia y la autonomía que dicha etapa le permite, la droga se presenta como una alternativa sumamente viable no solo con el objetivo de lograr estos estados, sino sobre todo de poder compartirlos y así formar parte de un todo, (grupo de pares) evitando padecer vivencias de soledad y abandono.

En este sentido, nuestro modelo terapéutico representa una estructura capaz de actuar como objeto que sostiene, contiene, limita, orienta, reeduca hacia valores que lleven al desarrollo de una personalidad madura, cohesiva, capaz de responder por sí misma y autoafirmarse sin necesidad de recurrir a objetos externos que actúen como auxiliares temporarios ante las crisis propias de la etapa evolutiva.

Es necesario por lo tanto desarrollar un programa asistencial y preventivo que incluya espacios de abordaje terapéutico a las problemáticas existentes (individuales y familiares), como así mismo a través distintas dinámicas poder trabajar con los jóvenes en el desarrollo de aquellas habilidades cognitivas y conductuales que actúen como factores protectores previniendo el consumo y favorezcan paralelamente el desarrollo de una personalidad madura.

La Importancia de Trabajar en Prevención

Es importante entender que el consumo transita por varias etapas hasta llegar a su estado más complejo: la drogodependencia.

Niveles de Consumo:

Clásicamente se describen cuatro niveles de consumo:

  • Nivel 1: Uso Experimental
  • Nivel 2: Uso Ocasional
  • Nivel 3: Uso regular o Abuso
  • Nivel 4: Drogodependencia

Nivel 1: Uso ExperimentalEs el período en el que el adolescente entra en contacto con la droga. Muchos de estos jóvenes consideran que consumir drogas amplía el campo de la experiencia y es algo normal y controlable de manera sencilla.

Nivel 2: Uso Ocasional o “Social”.
Durante esta segunda fase el adolescente continúa adoptando un papel esencialmente pasivo, al igual que durante el período anterior. La mayoría de las veces que la droga se halla disponible, la consume, porque ya conoce los efectos anímicos que en él produce.
“El consumo durante esta etapa rara vez supera una vez por semana, cada vez que algún amigo le proporciona la droga. En esta fase surge la idea de control sobre la droga, de poder abandonarla cuando se quiera, de no depender de ella, y que solo los que son drogadictos son enfermos”. (Oscar D´Agnone, “Nuevos Desarrollos en Prevención y Terapéutica de las Adicciones”. Editorial Salerno. Buenos Aires 1999).
Durante este período los adolescentes compran la imagen de aquellas personas de su entorno que consumen y que no tienen ningún problema, “se la creen”.

Nivel 3: Uso regular o Abuso
La droga se empieza a insertar cada vez más en los hábitos de vida del joven. Muchos de los antiguos hábitos son reemplazados por nuevos que incluyan la sustancia de elección.
“El estado anímico logrado por las drogas comienza a transformarse en lo más real de sí mismo. La droga facilita desligarse de los conflictos interiores, esto genera cierta euforia y bienestar pasajero. Esto es peligroso porque es comparable a una persona que padece una enfermedad grave a la que solo trata con analgésicos tóxicos. Esto produce un alivio temporario y la vuelve más dependiente de esa sustancia, mientras la enfermedad progresa silenciosamente, hasta que las posibilidades de ayuda quedan muy restringidas”. (Oscar D´Agnone, “Nuevos Desarrollos en Prevención y Terapéutica de las Adicciones”. Editorial Salerno. Buenos Aires 1999).

Nivel 4: Drogodependencia
En este período las drogas se transforman en el centro de la vida del sujeto consumidor, todas sus actividades, vínculos y proyectos están en consonancia con el consumo. Cualquier actividad que no esté en consonancia con este estilo de vida generará gran resistencia.
En este momento no toman real dimensión de los riesgos a los que se hayan expuestos. Asimismo son frecuentes los conflictos familiares extremos (violencia, maltrato, abuso), con la ley (continuas “entradas y salidas” en comisarías por atentar contra diversas pautas de convivencia) o dentro del ámbito laboral (incapacidad para sostener conducta responsable en el tiempo).
Suele sostenerse en los centros especializados de rehabilitación para sujetos con este trastorno, que habiendo llegado a esta instancia no quedan muchas alternativas: “O el sujeto se rehabilita o termina preso privado de su libertad, en un psiquiátrico privado de sus facultades mentales, o muerto privado del valor más supremo: la vida.”

Nuestro modelo terapéutico interviene antes de llegar a tal instancia. Trabajamos sobre la prevención secundaria, es decir que se opera luego de que se han detectado ciertos elementos que forman parte del proceso en el que se conforma la drogadicción, y lo que se busca es frenar dicho proceso.
Etimológicamente prevenir significa anticipar, preceder, imposibilitar a través de medidas anticipadas a la aparición de un problema. “La prevención constituye un proceso activo de implementación de planes y programas tendientes a modificar y mejorar la formación integral y la calidad de vida de las personas, fomentando el autocontrol individual y la resistencia y el rechazo social ante la oferta de drogas.” (Oscar D´Agnone, “Nuevos Desarrollos en Prevención y Terapéutica de las Adicciones”. Editorial Salerno. Buenos Aires 1999).

Tratamiento Asistencial

El Encuadre Terapéutico

Creemos que la única manera de actuar con eficacia y obtener resultados positivos, es intervenir y abordar la problemática desde una perspectiva global e integral, desde diversos enfoques, integrando e incluyendo a los diferentes agentes que conforman el cuadro completo.

Es por esto que nuestro Equipo está integrado por médicos psiquiatras, psicólogos, y operadores socioterapéuticos. Los mismos proporcionan sus diversas miradas a la hora de enarbolar las estrategias individuales, así como también las familiares y grupales, entendiendo y atendiendo a la individualidad de cada individuo y su grupo.

De este modo se confecciona un tratamiento compuesto de diversos espacios terapéuticos, con características específicas, y pautas precisas para cada uno de ellos. Así mismo, cada uno de ellos posee objetivos precisos sustentados en el marco teórico que le corresponde.

Es importante resaltar que si bien cada uno de estos abordajes posee características propias que lo diferencian del resto, todos ellos permanecen unidos bajo una misma estrategia terapéutica, siendo la misma dinámica y variable en función de la evolución del paciente y su familia.

Es decir que es un tratamiento multidisciplinario pero sobre todo integrado, pautado, y dirigido desde la comunión de principios, conceptos y objetivos comunes.

Tratamiento Terapéutico (Psicológico) Individual

A través de un vínculo cercano con el joven, dialogando, compartiendo diversos puntos de vista sobre creencias y vivencias desarrolladas por el mismo, muchas de ellas distorsionadas, evitando adoptar posturas rígidas sino más bien comprensivas y contemplativas, y limitando o frustrando cuando es necesario. Se busca lograr un vínculo sustentado en la confianza y la honestidad. En donde el joven pueda reconocer desde el inicio del tratamiento que la eficacia del mismo dependerá en gran parte del trabajo personal y el compromiso que asuma con las diferentes pautas que constituyen el encuadre. Es decir que asuma un rol activo durante el proceso, que no se transforme en un receptor pasivo de lo que provenga del exterior, sino que pueda por sí mismo buscar en el repertorio de recursos internos “nuevas soluciones” a “antiguos problemas”.
Si bien partimos de la creencia de que existen en el joven, áreas de su personalidad que no han logrado desarrollarse de manera óptima, también sostenemos que posee áreas libres de conflicto, y se apela constantemente a estas últimas para sostenerlas, potenciarlas, y desde aquí ganar terreno sobre las que generan conflictos internos y con el entorno al cual pertenece.

Se abordarán así mismo, las distintas creencias que el joven posee de sí mismo, de su entorno, de su futuro, de su consumo y del tratamiento. A través de un diálogo fluido se busca que los pacientes puedan descubrir aquellos patrones de pensamiento y acción distorsionados

Se busca que el joven pueda:

  • Primero, tomar conciencia de la conducta nociva que implica para un organismo consumir cualquier sustancia psicoactiva (sobre todo en un organismo que está en vías de desarrollo tanto físico como psico-emocional)
  • Segundo, que pueda registrar que de no modificar ciertos hábitos en la conducta, en la forma de concebir al entorno y concebirse así mismo, y la forma de vincularse con los demás. Resultará sumamente difícil abandonar los hábitos ligados al consumo.
  • Tercero que pueda desarrollar hábitos alternativos más saludables que actúen como factores de protección el día de mañana, (colegio, deportes, actividades recreativas con amigos y en familia, responsabilidades, etc.).

Tratamiento Terapéutico Grupal

A través de esta modalidad de intervención se busca en primer lugar que el paciente pueda asumir mayor compromiso y responsabilidad para consigo mismo y con los demás integrantes del sistema al cual pertenece, en su proceso de tratamiento.

En pleno proceso de autonomía y emancipación, en donde la necesidad de pertenencia y la identificación con referentes externos al núcleo familiar ocupan un lugar fundamental, el grupo terapéutico ofrece nuevos modelos que cumplirán una doble función: le permitirá al adolescente sentirse parte de un proyecto común con objetivos compartidos, como así mismo podrá evaluar su conducta, pensamientos, ideas, proyectos y dificultades desde la mirada de otro que acompaña, contiene, clarifica, y marca aquellas actitudes tanto las positivas como aquellas consideradas nocivas para quien las ejecuta.

Es importante desde el comienzo desarrollar en cada paciente la toma de conciencia de que cada comportamiento efectuado por él dentro dicho sistema, afecta positiva o negativamente a quienes conforman el grupo terapéutico al cual pertenece.

Se promoverá desde el inicio y a través del coordinador grupal, sustentándose el mismo en las normas terapéuticas que conforman el encuadre del tratamiento: la interrupción de aquellas conductas relacionadas al consumo de cualquier sustancia psicoactiva (se incluye el alcohol) como asimismo se buscará regular los hábitos desadaptativos que conducen al aislamiento, la intolerancia, la soledad y el vacío.

Paralelamente se trabajará en la adquisición de nuevos hábitos que favorezcan el desarrollo de la madurez en el joven (colegio, familia, actividades recreativas, grupo de pares, deporte, nuevos canales de comunicación, etc.). Para esto es importante que los jóvenes cuenten con un cronograma semanal de actividades. Como así mismo confeccionen semanalmente programas a desarrollar durante el fin de semana.

– Evaluaciones psiquiátricas

Entendemos al adolescente como a un ser integro desde el punto de visto médico, donde las interacciones cuerpo- mente son variables de suma importancia para lograr una adecuada comprensión del mismo.

Por este motivo resulta indispensable tener evaluaciones clínicas, las cuales se llevan a cabo por medio de entrevistas médico- psiquiátricas. Con este fin, se programa una evaluación al inicio del tratamiento buscando recabar antecedentes sobre el crecimiento y desarrollo del paciente, así como de posibles intercurrencias clínicas o psiquiátricas que se hayan podido manifestar a lo largo de su vida.

También se mantendrán entrevistas periódicas para acompañar al paciente en el proceso del tratamiento desde un enfoque médico, para de esta manera poder pesquisar tempranamente dichas posibles intercurrencias a fin de abordarlas o bien realizar las derivaciones pertinentes.

– Tratamiento Familiar

“Los padres cumplen siempre un papel fundamental en la clínica de la drogadicción de adolescentes tanto en la patogenia como en la cura y la prevención” (Alfredo Ortiz Frágola, “Drogadicción” Editorial Paidos Buenos Aires 2000)

En el tratamiento de estos adolescentes se debe tener en cuenta la etapa del desarrollo familiar. Esto significa que la terapia familiar debe proponer la transformación de la familia con su estructura actual.
El apoyo al control parental suele ser conveniente para fortalecer el trazado de fronteras entre los padres y sus hijos. Las fronteras tienden a ser cruciales en el tipo de terapia familiar que nos ocupa.
Con frecuencia existe una coalición disfuncional entre las diferentes generaciones dentro de la familia y la terapia debe apuntar a la interrupción de dicha disfunción y el cambio hacia nuevas pautas de interacción entre los miembros de la familia.
Por otro lado a través del grupo de padres se busca que a través de la interacción entre los diferentes integrantes, puedan los padres reconocer hábitos disfuncionales y que alteran el equilibrio familiar.

– Herramientas Terapéuticas que facilitan el sostenimiento del encuadre, y favorecen el cumplimiento de los objetivos trazados.

El tratamiento que proponemos, trasciende la asistencia y la participación de los jóvenes y sus familias en los espacios terapéuticos propiamente dichos, es decir, que adquiere suma importancia lo que se trabaja fuera de dichos espacios, lo que cada uno produce, que comportamiento ejecuta habitualmente y que herramientas se utilizan en la resolución de conflictos.

Por lo tanto es importante, que tanto el joven como su familia, puedan mantener cierta coherencia entre las pautas terapéuticas y el comportamiento desarrollado en las diferentes áreas que componen la vida de los mismos: trabajo, colegio, sobre todo en el lugar de residencia y en las actividades compartidas. Es importante en este punto poder trabajar con objetivos y metas claras. Con pautas a seguir que puedan ser cuantificables y medibles.

Se incluye dentro del programa:

  • Informe de Fin de Semana: Los adolescentes con los que trabajamos tienden a exponer ante el mundo externo (incluida la figura del terapeuta) los aspectos más sanos de su personalidad, evitando conectarse y compartir aquellos hábitos desadaptativos que muchas veces representan transgresiones graves al encuadre terapéutico. Por lo tanto a través de este informe se busca contar con información proveniente del análisis de los padres sobre la conducta de los chicos durante el fin de semana. Dicho material se cotejara con lo expuesto por los chicos durante la actividad grupal del día lunes. El mismo deberá presentarse en sobre cerrado y el contenido no debe estar condicionado por lo que opina el hijo sino que debe ser producción exclusiva de los padres.
  • En caso de que los padres no vivan juntos, el padre o madre que compartió el fin de semana con el hijo debe hacerse responsable de dicho informe. Si el hijo paso un día con cada uno debe entregarse dos informes, elaborados por cada uno de los padres. Es responsabilidad compartida por los padres e hijos de que el informe este el lunes en la fundación para el horario del grupo.
    1. Como fue el trato con la familia. Comunicación y actividades compartidas.
    2. Como fue el manejo de los horarios y salidas
    3. Como estuvo anímicamente
    4. Respeto o no el programa de fin de semana realizado el viernes
    5. ¿Surgió algún conflicto? ¿Como se resolvió?
    6. ¿Hubo algún tema recurrente?
    7. Actividades predominantes
    8. Observaciones generales
  • Programa de Fin de Semana: el objetivo de la confección de un programa de este tipo apunta a que tanto la familia como el adolescente puedan planificar que actividades van a realizar. Si bien es propio del adolescente desear salir al mundo y formar parte de otros grupos, esto no tiene que ser excluyente de que se sigan compartiendo espacios familiares. Muchos adolescentes llegan a la Fundación con escasa presencia de hábitos saludables y es parte fundamental del tratamiento trabajar en aumentar la presencia de los mismos. Los adolescentes con esta problemática tienden a actuar y a hacer prevalecer sus intereses personales excluyendo intereses comunes a su núcleo familiar, trabajar en el desarrollo de la empatía dejando de lado la tendencia hacia el individualismo es una herramienta fundamental del tratamiento. La elaboración de dicho informe también apunta al aumento de la comunicación con sus hijos.
  • Este informe debe traerse al grupo de padres los días viernes habiendo sido completado en conjunto con sus hijos los días previos.
  • El contenido del mismo deberá incluir:
    1. Actividades especificas que se van a realizar. Es importante que se incluyan si o si actividades familiares. En caso de realizar actividades con red externa (grupo de amigos), las mismas deben estar concensuadas con los padres (los padres deberán saber con que amistades sale y que actividades realizarán. Así mismo deberán pautar horarios de la salida).
    2. Las actividades pautadas quedan suscitadas al cumplimiento a las normas del tratamiento y a las pautas de convivencia específicas de cada familia. En caso de surgir alguna transgresión los padres deberán modificar el esquema del fin de semana como parte de las medidas de aprendizaje que estimula el tratamiento.
  • Cronograma Mensual. Cada mes los residentes deberán presentar un cronograma diario con aquellas actividades que realizan de lunes a viernes (los días de fin de semana se incluyen en el programa semanal presentado los días viernes). El mismo tiene como objetivo poder sostener un seguimiento diario de los residentes, independientemente de los espacios propios del encuadre terapéutico. Es importante generar en los jóvenes la importancia de poseer cierto orden y cumplir con lo pautado, y que las responsabilidades asumidas se efectivicen. Para sostener un tratamiento de estas características es sumamente necesario actuar con responsabilidad, compromiso, perseverancia y constancia a través del tiempo. Como así mismo planificar y armar una estructura con actividades pautadas a fin de evitar que el joven posea excesivos espacios librados al azar y a lo “que surja en el momento”.
  • Medida de Aprendizaje. A través de esta herramienta terapéutica, se busca que el joven pueda reconocer que a todos los actos que realiza le sigue cierta consecuencia alineada. De este modo se busca que el joven pueda actuar incluyendo en su accionar elementos ligados al pensamiento, la reflexión, la planificación y por sobre todo incluir a los demás en cada acto que realiza. De este modo a cada transgresión cometida por el joven es imprescindible que emerja por parte de las figuras de autoridad, sobre todo los padres, una consecuencia directa a este acto cometido. Es importante que dicha respuesta sea inmediata y directa, y por sobre todo que se efectivice.
  • Llamado de Fin de Semana: Es obligación que los jóvenes llamen a la Fundación los días sábados y domingos, en la franja horaria comprendida entre las 10:00 y 22:00 hs. Esta herramienta terapéutica es necesaria ya que apunta a que los jóvenes tomen conciencia de que el tratamiento no solamente comprende la asistencia a los espacios terapéuticos establecidos, sino que equivale sobre todo a sostener una conducta apropiada y acorde a las normas terapéuticas, en los espacios y actividades que se desarrollan fuera del encuadre propiamente dicho.