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Homenaje a Hernán Varangot

Con mucho amor los graduados de San Carlos, fueron compartiendo sensaciones, anécdotas, historias y recuerdos vividos con Hernán a lo largo de sus tratamientos, y después también, al construir con él un vínculo fuerte como una hermandad de Pares. Entre todos ellos pudieron agrupar en este hermoso texto un resúmen de quien fuera Harry y en estas lineas podemos vislumbrar ese corazón tan grande que todos recordaremos siempre.

Carlos Hernán Varangot, o Harry para nosotros, continuamente nos hablaba del tano Novelli. Desde el día en que lo conoció junto a su madre Tuqui, hasta como lo invitó a jugar a la pelota a un campo, que sería el primer programa de comunidad terapéutica en Argentina.

El tano era muy importante para Hernán y le hizo una promesa que nos cambió la vida a todos. No hay residente que no haya escuchado sus historias junto al tano en las asambleas, y no va a haber residente en el futuro, que no escuche una y otra vez de nuestra boca, las incontables historias, anécdotas, como todas las enseñanzas y risas que nos dejó Hernán. Somos la llama viviente de su legado, porque nos enseñó a querernos a nosotros mismos lo amamos, y estaremos siempre agradecidos.

         Hernán era un loco lindo, su locura copada creó una fundación con sentido de lo comunitario. Nosotros, San Carlos, de verdad que somos una comunidad, con valores sólidos, y eso es sanador. Es algo difícil de hacer, pero lo hizo a partir de sus propios valores, del valor de la palabra y de su humildad, uno de los rasgos más nombrados por los compañeros.

         Cada vez que recordamos a Hernán nos reímos. Nos reímos mucho. Simplemente recordando la alegría de su rostro. Pasó en este último Cañuelas cuando cada uno de nosotros recordó una anécdota junto a él. No podíamos parar de reírnos y emocionarnos.

         El humor es parte de la rehabilitación. Harry nos hacía gracias a todos, los chistes eran constantes. También para marcar límites claros. Como cuando hacía el pavo real en la asamblea antes de los cañuelas. O cuando nos decía que cumpliéramos un año limpio, y luego decidiéramos a donde queríamos ir que él nos llevaba: al Burger o al puntero.

 Así eran los grupos, llenos de risa, pero cuando Hernán se ponía serio era categórico, certero, sin vueltas. Una mirada profunda, de aguda percepción, como un médium. Tenía un aura vibrante y su transparencia se reflejaba fielmente en sus estados de ánimo, ya sea en el humor o en la tensión, siempre en una sana imprevisibilidad. Sus confrontos eran a fondo, proporcionales al amor y la creatividad que lo caracterizaban, sus confrontos hacían volar la palomas contaba un compañero.

Sus frases en la asamblea son memorables. Es imposible no rememorar solo algunas de ellas, como cuando nos decía:

_No hay transgresión más grande que ser feliz.

_El amor todo lo cura, la locura se cura con amor.

_Paciencia, paz ciencia, la ciencia de la paz.

_Si damos un poquito así, Dios nos da un tanto así.

_Si dos hombres o mujeres se hablan de corazón, Dios está allí y perdona. Entonces si Dios nos perdona, quién somos nosotros para no perdonarnos.

_No hay nada más loco que estar careta.

_Dios quiere a los potros más salvajes.    

En el pecho teníamos un agujero, y con el tratamiento ahora allí tenemos un diamante. Hernán nos dio un poco de su diamante a cada uno.

El mensaje de Hernán es una misión de amor, un compañero dice que Hernán mismo es el mensaje, es una buena forma de pensarlo. Hernán nos hablaba de Jesús como un loco hippie que andaba por ahí hace 2000 años hablando de amor, acercándose a aquellos marginados de la sociedad, aquellos que están solos y lastimados. Si Jesús caminara entre nosotros hoy se acercaría a los adictos nos decía. Gracias Harry.

Hernán nos recibía a todos por igual, en cada persona que tocaba el timbre se veía reflejado él mismo hace treinta años, y su generosidad y entrega eran totales. Por ello nos conectábamos con él desde el principio. Los relatos de los primeros encuentros con Hernán son de confianza, de identificación, de reconocer un par que salió del infierno y desde una profunda vocación nos llamaba a hacer lo mismo, como un guía.

Hernán quería que cada uno de nosotros sea protagonista de su propia película. Nos enseñó que ser feliz es ser honesto. Harry junto a la fundación sólo nos pedían que seamos honestos y obedientes, para descubrirnos a nosotros mismos, y así no sólo rehabilitarnos sino habilitarnos a hacer lo que a cada uno le gusta. Nos enseñó a parar, a registrarnos, a pedir perdón desde el alma. Volvimos a encontrar el significado de palabras como amor, lealtad, confianza.

Hernán nos decía que teníamos que tener una amante, en el sentido de una actividad que disfrutáramos hacer para nosotros. Lo decía desde un lugar de coherencia, ya que él amaba el sol, el mar, la libertad, los amigos, la familia, el encuentro, la risa, la vitalidad, simplemente Hernán amaba la vida.

No hay graduado que no haya nombrado el abrazo de Harry. Palma al pecho, su mirada de frente, con sus ojos brillosos, penetrantes.

Recuerdo el último abrazo que me dio en mi pecho, un abrazo largo, concientes de lo que se avecinaba, simplemente me miró a los ojos y me dijo que todo va a estar bien. Y todo está bien, hoy estamos celebrando la graduación de seis compañeros que se suman a este lado. Harry cumplió su palabra con nosotros, y nos enseñó luchando hasta el último día con alegría, como un corazón valiente.

Para nosotros Hernán seguís estando, estás en el oso, en los abrazos, en las fábulas del águila y del viejo sabio, estás en la verdad, en los confrontos, en nuestros soles y lunas, siempre estás. Te amamos Hernán. ¡Gracias!

Terminamos tu homenaje, cantando todos juntos: Equipo, Graduados y Residentes, el Oso…

Cantado el Oso