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Prensa

Entrevista Programa “Adolescentes en el Horno”

Entrevista realizada en el año 2008 al presidente de la Fundación y al director del área de Prevención para el programa de television “Adolescentes en el Horno” que se emitía por el Canal America Tv.

Salir del pozo de las drogas para ayudar a otros a hacer lo mismo

Hernán Varangot probó todas las sustancias que tuvo a su alcance para llenar un vacío existencial; después de salir adelante gracias a un tratamiento armó la Fundación Grupo San Carlos para guiar a otros en este camino

 

“Yo agarré mi primer porro a los 14, pero creo que ya era adicto desde los 10. Es que cuando una persona se droga es porque tiene una especie de infección en su alma, la droga es sólo la fiebre, no la causa de la infección.” Carlos Hernán Varangot Rawson Paz, más conocido como Harry, resume así no sólo lo que le pasó a él, sino lo que como profesional especializado en tratamientos contra el consumo de drogas reconoce en los adictos. Es que él mismo, que creó y preside la Fundación Programa San Carlos, una comunidad de rehabilitación, es ex adicto.

Varangot tiene hoy casi 49 años y hace 26 que no consume ninguna clase de droga, salvo el tabaco: fuma diez cigarrillos por día. Sus ojos grises con vetas verdes no vacilan cuando cuenta su historia, se vuelven profundos y pensativos. No se avergüenza de su pasado: con una sonrisa de aceptación afirma que los errores cometidos en su vida son los que lo llevaron a ser lo que es hoy.

Empezó a consumir por tristeza, por soledad, porque no encajaba en ningún grupo. Su familia, de buen pasar económico, le había facilitado una vida cómoda y con todo lo necesario, pero en ocasiones pasaba días sin ver a sus padres.

Nota Completa en La Nación

A vos si te puede ocurrir · Revista Sophia 2009

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El difícil camino de regreso

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Enseñar el camino de salida de las drogas · La Nación · Febrero 2012

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Empezó en el colegio Clarín Marzo 1987

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Nota al Lic. Francisco Scagliotti en el diario Clarin

SOCIEDAD MUNDOS INTIMOS
Drogas en chicos y adolescentes
POR BÁRBARA REINHOLD
Cuando la adicción a alguna sustancia se da en los inicios de la adolescencia: los factores de consumo y el rol fundamental de la familia.
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08/08/13 – 13:19
Chicos de aproximadamente diez o doce años fumando un cigarrillo, de tabaco y marihuana, o aspirando cocaína, son algunas de las imágenes que muestra la película brasileña “Ciudad de Dios”, de Fernando Meirelles, acerca de la vida en una favela de Río de Janeiro. En el film “A los trece”, de Catherine Hardwickle, la vida de Tracy cambia por completo cuando durante el pasaje a la adolescencia se hace amiga de otra joven, Evie, que la acerca al mundo de las drogas y el alcohol.

Adolecer significa causar dolor. La pre-adolescencia y adolescencia son etapas de fuertes cambios físicos y psíquicos, que conllevan emociones diversas para los jóvenes. El psiquiatra Alberto Álvarez, de la Asociación Psicoanalítica Argentina, explica que cuando un chico o chica que está transitando ese período de la vida empieza a consumir drogas, hay que prestar atención a las relaciones familiares que ese sujeto tiene y al lugar que ocupa en la vida de sus padres. Otra de las aristas para tener en cuenta es el período conflictivo que el individuo está viviendo por la pérdida de la infancia, la diferenciación sexual y el cambio en la relación con los mayores.

Francisco Scagliotti es psicólogo terapeuta y director general de la Fundación San Carlos, institución que trabaja en prevención y asistencia de adicciones, y señala que a la hora de analizar las razones por las que un chico empezó a consumir drogas, hay que ahondar en diferentes aspectos. El entorno social en el cual el sujeto está inmerso es uno de los factores que hay que tener en cuenta, porque no es lo mismo aquél que consume porque vive en un ámbito marginal en términos sociales, que el que lo hace a raíz de conflictos familiares, por ejemplo. En este sentido, también influyen las experiencias individuales de cada persona adicta porque pudieron haber pasado por situaciones traumáticas. “Si pudiese hablar de un denominador común sería, fundamentalmente, un déficit familiar, en donde no hay lazos afectivos evidentes, con fallas a la hora de comunicarse y roles desdibujados, por lo que no hay figuras claras de autoridad. Igualmente, no es lo único”, sostiene Scagliotti.

Según el Estudio Nacional en Pacientes en Centros de Tratamiento realizado en 2010 por la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (SEDRONAR), a través del Observatorio Argentino de Drogas, el 40,8 por ciento de los pacientes se inicia en el consumo de drogas con el alcohol. El tabaco aparece en el 32,1 por ciento de los casos, la marihuana en el 13,6, la cocaína en el 6,7 y los solventes e inhalables en el 2,9. Sin embargo, de los casos registrados en el estudio, el 1,5 por ciento eran varones de hasta catorce años y el 1,7 mujeres de ese mismo rango etario. A partir de los 15 hasta los 19, la cifra asciende a 22,4 por ciento en varones y a 14,4 en mujeres.

El paco y el pegamento, las llamadas “drogas baratas”, siguen estando relacionadas, para Scagliotti, con las clases sociales más bajas. Aunque en este sentido, Álvarez señala: “Lo más común entre los chicos es el alcohol, la marihuana y cada vez está ascendiendo más el uso del paco. Clásicamente se lo ha ubicado en un estrato social más bajo, pero últimamente se ven casos de ascenso hacia otras clases”.

La pre-adolescencia y adolescencia son las etapas en las que las personas tienen un primer contacto con el mundo de manera más independiente de los padres. Entonces, si ese periodo está relacionado con el consumo de drogas, ¿cómo hacer para que el chico pueda ver que hay otras maneras de vincularse con el exterior? Porque, además, las adicciones suelen provocar el encerramiento en uno mismo.Graciela Ojeda, directora de Candil, una fundación que trata adicciones, y psicóloga, explica: “Nuestro programa se basa en un cambio de vida, que significa orden, responsabilidad, la posibilidad de que los pacientes puedan ver las actividades que les gustan y estimularlos en eso. Les enseñamos a pensar, porque en general el adicto lo que hace es actuar, no reflexionar en el deterioro que causa la adicción”. Para Scagliotti es fundamental pensar en un tratamiento familiar, porque si no se corre el riesgo de no tener éxito: “El chico algo está indicando con su consumo. Es común que cuando se empieza a rehabilitar, reaparezcan otros conflictos del cuadro familiar”. En el caso de chicos que comienzan a consumir a edades más tempranas aún, de 10 o 12 años, Álvarez recomienda la terapia de niños, con dibujos y juegos, centrándose en el individuo y la familia.

Si bien muchas de las fundaciones que se abocan al tratamiento de adicciones cuentan con becas y trabajan con medicinas prepagas o con organismos del Estado, la encargada en el ámbito público de asistir a las familias en los casos de menores adictos es la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia, del Ministerio de Desarrollo Social. Además, el Centro Nacional de Rehabilitación Social (CENARESO) recibe a chicos a partir de los 14 años para su tratamiento, aunque en los casos en que sea necesaria la internación, las mujeres deben ser mayores de 18 años. En la ciudad de Buenos Aires el organismo encargado es la Gerencia Operativa de Asistencia Social en Adicciones (GOASA), que cuenta con centros comunitarios que sobre todo se focalizan en chicos y adolescentes con bajos recursos económicos. Claro que, en todos los casos, esto está sujeto a la capacidad física de los espacios y a poder responder a la necesidad individual de cada paciente, para que su tratamiento no sea un mero trámite.

Lea la nota central de esta entrega: “Pensé que la droga me liberaría del aburrimiento”. Por Nicolás Brum.

 

Artículo de la Lic. Tesone en la Nación

La Nación

Sección Sociedad

¿Por qué indicamos programas grupales para el tratamiento de drogadicciones?

Somos un grupo de profesionales de distintas disciplinas que se ocupan de la salud mental y que pertenecemos y ejercemos nuestras profesiones en diferentes instituciones. Intentamos desde esta nota ayudar a comprender por qué razón indicamos acudir a programas de rehabilitación a quienes nos consultan por problemas de adicción a alcohol y drogas; y, lo más difícil de expresar claramente, por qué pensamos que un instrumento que para nosotras es tan valioso como la práctica de la psicoterapia, no da buen resultado cuando se trata de este tipo de problema.

Venimos de larga trayectoria en nuestra carrera profesional, de haber probado diferentes modalidades de trabajo que nos permitieron acompañar procesos con logros muy evidentes. Sin embargo, hace ya mucho que nos dimos cuenta de que el ámbito de los consultorios no era suficiente para rescatar a personas que han sido “tomadas” por conductas abusivas de consumo. Hemos ensayado también ampliar los equipos tratantes y el número de las personas que involucramos en el tratamiento (terapias familiares y de red) pero, en nuestra experiencia, sólo vemos verdaderas rehabilitaciones cuando las personas y su entorno participan de un programa organizado en el que se reúnen con pares en actividades terapéuticas grupales coordinadas por profesionales y ex adictos que conocen el tema, han recibido formación adecuada y funcionan en equipos.

Hemos aprendido esto que proponemos escuchando especialmente relatos de padres y otros familiares de adictos. Muchos de ellos describen haber pasado a veces durante años por consultas y por tratamientos psicoterapéuticos tradicionales –cuando no por tratamientos psiquiátricos– acompañando al miembro adicto, en los que no se solucionaba el problema que más los afligía. A veces se les explicaban teorías acerca de por qué sus hijos recurrían a drogarse, otras veces se desestimaban sus apreciaciones. A partir de algunas teorías que se les formulaban, los familiares se sentían culpables, como si fueran causa de las conductas adictivas de los hijos, por lo cual les permitían conductas de maltrato y se dejaban anular como adultos en posición de autoridad.

“Yo pedía una entrevista al terapeuta porque me daba cuenta de que algo no se resolvía, pero él me decía que el tratamiento era de mi hijo”, o “le pregunté a la terapeuta por qué en tanto tiempo no nos había informado que mi hija consumía drogas y me contestó que guardaba el secreto profesional”, o “llamé al terapeuta para decirle que buscando en la computadora encontré chateos altamente sospechosos, pero me dijo que eso era invasión a la intimidad”, o “yo me daba cuenta de que mi hijo no estaba bien, por eso lo llevé a terapia, pero la terapeuta me decía que eran problemas de conducta propios de la adolescencia y así pasaron más de cuatro años…”. Estos relatos repetidos y nuestra propia experiencia llevaron a que algunos de nosotros, hace ya muchos años, hayamos armado, en conjunto con ex adictos recuperados, los primeros programas de rehabilitación que han ido progresivamente actualizándose con los cambios contextuales.

No todos los programas son iguales. Los hay que cuentan con períodos de internación, los hay ambulatorios (las personas consultantes no necesitan interrumpir sus actividades habituales); algunos involucran intensamente a la familia y a las redes como parte del trabajo terapéutico y otros no lo hacen o lo hacen en menor medida; algunos operan internando para aislar a los adictos del medio en el que han consumido. También los respaldos teóricos e ideológicos son diversos, pero tienen en común una organización grupal y un trabajo en equipo que fortalece las posibilidades de reflexión y de contención de las acciones impulsivas. Son los pares los que se ayudan para ir recuperando funciones perdidas, registrando sus recursos positivos, en el ámbito de la conversación grupal.

Creemos importante transmitir estas experiencias y afirmar la importancia de participar de un programa para la recuperación de las adicciones. Esto en nada disminuye el valor de la psicoterapia, que ha logrado un reconocimiento importante en nuestra cultura, pero sí propone que no se la considere como la opción mejor en un terreno en el que no resulta de ayuda.

Escribimos este texto para difundir estas ideas porque nos preocupa que en nuestro medio se considere la opción de la psicoterapia de consultorio como el instrumento adecuado para resolver el problema de la adicción a drogas, cuando claramente en este problema, en nuestra experiencia, no es eficaz.